
Orlandito, tenía 7 años, y era el segundo hijo de Clementina, una humilde lavandera que con su oficio ayudaba a mantener a sus 12 hijos, su esposo, un Inmigrante Italiano, había regresado a Italia, a pocos meses de nacer Orlandito. Años más tarde, Clementina, contrajo nuevas nupcias y tuvo a sus otros 10 hijos, en un matrimonio poco afortunado y lleno de desdichas y sufrimientos. Aún así esta mujer hizo crecer a sus hijos llenos de amor y de valores.
La vida no era fácil, pero era un hogar donde los hermanos se amaban y desde pequeño Orlandito, asumió un rol de “hermano protector”.
Como era lógico, el mejor regalo para cada Navidad era un pantalón corto y una polera, los juguetes eran sólo parte de los sueños de ese niño que la vida hacía crecer rápidamente.
Ese 24 de Diciembre de 1936, la madre de Orlandito, estuvo lavando y planchando la ropa de las “Misias” hasta tarde, con el afán de que le pagaran los pesos que tanto necesitaba para la cena de Navidad.Orlandito, era el encargado de ir a dejar las pesadas entregas de ropa limpia, y su misión era regresar a casa con lo pagado. Así, fue a las ocho de la noche a hacer su última entrega a la casa de Misia Raquel.
Aunque conocía la casa de la misia, esta vez, sus pequeños ojos la miraron como si nunca la hubieran visto, llena de cosas ricas estaba la cocina, y ahí espero por el pago, mientras comía pan de pascua y leche, sólo tenía 7 años, pero era suficiente para comprender que en esa casa la Navidad se vivía muy diferente a su hogar.Se fue corriendo hasta su casa, a cambiarse de ropa y a compartir con sus hermanos, en el camino no pudo dejar de hacer su parada acostumbrada, “La Juguetería” del Barrio Franklin. Ahí, detenido frente a la vitrina llena de luces, sus ojos se maravillaban ante los juguetes que nunca podría tener, pero eso no mermaba su felicidad, era un niño y la pobreza no le quitaba sus sueños.
De pronto, un señor alto y con una gran barriga, con un terno impecable, se paro junto a él y le dijo:-¿Cuál de esos le pediste al Viejito Pascuero?
Orlandito, sin quitar sus ojos de la vitrina, le respondió:-Ninguno, por que el viejito Pascuero, no alcanza a llegar a mi casa.
El Señor lo miro con lágrimas y le dijo:
- Pero hoy va a llegar. Elige el regalo que tú, quieras, porque yo, te lo voy a comprar.Orlandito, por primera vez, miro con atención a ese Señor junto a él, lo miró hacia arriba, con sus verdes y grandes ojos, que resaltaban en su carita de carbón. Sin dudar de la palabra de su nuevo amigo, apuntó a la vitrina y dijo: “Ese...Ese”.
Y ahí, entre una bicicleta y los más variados juguetes de la época, escondidos y olvidados estaban “Los 9 Palitroques”, que Orlandito había mirado durante dos años, con el sueño de poder tenerlos algún día.Asombrado, el Seor de gran barriga y barba, le preguntó: “¿Estás seguro que quieres esos Palitroques, puedes elegir lo que quieras...La bicicleta, quizás?”....-”No, No, quiero Los Palitroques, señor”-Respondió, Orlandito, con su corazón dando brincos.
Llegó a su casa más rápido que nunca, corrió con los Palitroques agarrados con la fuerza de sus sueños y le contó a su madre lo sucedido.Eran otros tiempos, cenó casi atorándose, sólo quería jugar con sus Palitroques, pero como era hábito, tenían que terminar sus 11 hermanos, para poder levantarse de la mesa. Todos comieron presurosos, querían estrenar hermanos y hermanas, el primer juguete nuevo, que traía la magia de la Navidad y ese corazón desprendido que se cruzó en la vida de este niño.
Así ese 24 de diciembre de 1936, en una larga calle del Barrio Franklin, Orlandito jugó hasta pasadas las 12, con sus hermanos y hermanas y los amigos del barrio, turnándose el tiro a los Palitroques. Toda coincidencia con la realidad NO es mera coincidencia. Esta historia le sucedió a mi Padre, Orlando Pacheco, Un hombre generoso, quien me cuida desde el cielo desde el año 1991.


Qué linda historia ...
.. debe haber sido un gran hombre,... saludos @nnita
La razón no me ha enseñado nada, todo lo que sé me ha sido dado por el corazón. León Tolstoi