La primera vez que lo vi estaba horrenda, los ojos rojos e hinchados de tanto llorar, con un puñado de pañuelos desechables apiñados en mi puño cerrado.
La cita era formal y obligatoria, lejos de ser un encuentro fortuito entre dos desconocidos. Él, con sólo leer unas líneas sabía por que ambos estábamos ahí.
No era el momento para pensar en la apariencia, las lágrimas seguían enrojeciendo mis ojos y en medio de sollozos cortados, la nariz moquillenta hablé un poco sobre el tema que nos convocaba y me guardé las ganas de desaparecer que tenía, aunque supongo, él, lo intuyó.
La próxima cita sería pronto. Fue fijada y me marché.
En esos momentos en que nada más que el dolor fluía en mí ser, comencé a notar su tono tranquilo, su manera práctica y sensata de mirar la vida, que ante sus ojos parecía acontecer con tanta naturalidad y equilibrio. Aprovechaba cada cita para empaparme de su tranquilidad, para navegar en sus aguas de río y no de sangre. Para mirar a través de sus ojos lo que a través de los míos no podía ver.
A medida que fue pasando el tiempo, el equilibrio perdido en medio del caos de la muerte, retornaba junto con mi racionalidad. Me alejé de lo que creía sentir y lo analicé hasta dejarlo reducido a una serie de conceptos aprendidos en las aulas: “Transferencia”, fue la explicación de lo que sentía y sintiéndome ridícula, arrepentida de estar tan desnuda de secretos, Me sustenté del “termino” y sin darle más vueltas ahí lo dejé.
No me permití especular sobre sus sentimientos hacia mí, pues lo encontraba incapaz de romper los protocolos de ética, además lo que conocía de mí, era una cruenta historia, que lejos de encantar, alejaba.
Así sabiendo que no era el momento, ni el lugar, deseé haberlo conocido en otras circunstancias que me dejarán sentir lo que me provocaba, sin considerar que era un espejismo propio de la situación por la que yo, atravesaba.
Por respeto a su trabajo, a lo logrado en las citas y a mis principios me alejé sintiéndome absurda hasta hoy, que ya ha pasado un tiempo, cuando lo recuerdo, aun siento que me gusta su manera de ver la vida, su sonrisa tímida, su integridad.
No pienso en otra manera de habernos conocido, pues no he especular con situaciones imaginarias.
No hay duda que sólo fui parte de su trabajo, así como también, no cabe duda de que ahora sé, que no hay momentos, ni circunstancias para dejar de escuchar al corazón.
No era transferencia.

TRANSFERENCIA
Hermoso texto, como hermosa es tu biografía, Claudia (o Teodissa). Gracias por la oportunidad de leela y por tener el honor de tu presencia en mi Blo Nosso mundo, que ahora si muestra más rico com tu participación.
Como le gusta la buena literatura, dejo aquí algunos links con mis textos y doy las gracias por tu lectura. Saludos y un abrazo de tu nuevo amigo y admirador de tus letras, Remisson, desde o Brasil.
Y vamos hablando y escribindo...